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El genocidio migratorio: hacia un análisis tercermundista de la lucha de clases europea

El siguiente artículo se republica con autorización de Monthly Review Online. El original está disponible aquí.

Sobre el autor: Iker Suárez (@ikersuarz) es activista e investigador doctoral. Estudia el neocolonialismo en el sur de Europa, es coautor de un libro sobre Melilla en Traficantes de Sueños, y milita en movimientos antirracistas, antiimperialistas y socialistas en Nueva York y Madrid.

Más de 10.000 personas murieron en tránsito hacia el estado español solo en 2024. [1] En junio de 2022, la valla fronteriza de Melilla, uno de los dos enclaves españoles en Marruecos, fue testigo de una masacre que mató o desapareció a más de cien migrantes africanos. [2] Recientemente, una investigación de la BBC ha revelado que la guardia costera griega expulsa sistemáticamente a inmigrantes ya en territorio griego, arrojándolos de vuelta al mar. Mientras tanto, Frontex se ha convertido en la agencia de la UE con mayor presupuesto, y está creando un ejército de 10.000 efectivos para “contener” la inmigración, equipado con sus propios barcos, aviones, drones y armas. Este “cuerpo permanente” conforma la primera y única fuerza armada paneuropea.

Las masacres marcan la corta historia de las fronteras europeas. El repetitivo ciclo mediático de muerte, indignación y olvido ya es habitual. La acumulación de tragedias apenas tiene repercusión sobre la opinión pública o la política electoral. La izquierda europea, tanto moderada como radical, oscila entre denunciar o minimizar la muerte de migrantes según su propia posición en el gobierno.

Más allá de los sucesos más mediáticos, sin embargo, la norma es un flujo ininterrumpido de muertes. Muertes en su mayoría no denunciadas, difíciles incluso de contabilizar. Se calcula que al menos 60.000 personas han sido asesinadas en las fronteras europeas desde 1993; otros calculan que más de 30.000 han muerto o desaparecido tan solo desde 2014 (excluyendo las 10.000 de 2024). [3] Y estas son estimaciones mínimas. La realidad es desoladora: es hora de trascender el lamento moral y comprender el fenómeno de manera estructural.

Los movimientos sociales europeos lo critican llamándolo una «crisis de derechos humanos». Desde ONGs de todo tipo, se señalan las contradicciones entre los «valores europeos» y este «escándalo» en curso. Pero ¿es acaso una crisis? Sin duda, la incesante masacre de migrantes al Sur de Europa lo es. Pero no como la pintan las sociedades civiles europeas liberal-progresistas. El genocidio migratorio no es una crisis porque sacuda la conciencia o la autopercepción de los públicos del Norte. Más bien, es al mismo tiempo un imperativo estructural del imperialismo tardío y una de las expresiones más profundas de la crisis más general del capital global.

El desarrollo histórico mundial del capitalismo genera una cuestión agraria que, si bien «resuelta» en el Norte, parece irresoluble en el Sur. La única solución del capital a la cuestión agraria del Sur, como plantean desde hace tiempo varios autores del Tercer Mundo, es alguna forma de muerte en masa. El genocidio migratorio en costas europeas no es más que una expresión local de esa tendencia generalizada, que se manifiesta principalmente en las periferias, invisible para el público europeo. Este artículo se aleja de análisis eurocéntricos de la inmigración y la lucha de clases en Europa, centrándose en las formaciones sociales del Tercer Mundo. Desde esta perspectiva, la inmigración al centro aparece como el regreso a casa de la principal contradicción del capital: aquella entre centro y periferia. No sorprende, pues, que se convierta en el tema central de la política en el Norte, definiendo las líneas divisorias entre los nuevos fascismos y alternativas emancipadoras, y revelando la continua bancarrota de la socialdemocracia. Contra esto último, centrar el genocidio de Europa en el mar sienta las bases de una posición antiimperialista firme que evite las confusiones analíticas del chovinismo del Norte —la base de nuestra derrota histórica— y que ponga la liberación nacional periférica en primer plano.

Aunque mucho se habla de Trump y su política migratoria, apenas existe cobertura sobre este fenómeno. En cuanto a la continua masacre de migrantes, un componente central de la formación social europea, los medios de comunicación guardan un silencio casi absoluto. Se normaliza como parte del funcionamiento cotidiano de Europa. Derechas e izquierdas esperan que se entierre el tema y la gente olvide. Pero nosotros no. Nosotros no olvidamos.

El genocidio de Europa en el mar

Brice acababa de salir del agua cuando sintió un fuerte dolor bajo el ojo izquierdo. [4] Cegado y desorientado, intentó tomar aire mientras luchaba por mantenerse a flote y seguir avanzando hacia la orilla. Él y un grupo de compañeros migrantes estaban ya muy cerca de la costa, a solo unos metros. Para algunos, habían pasado años viajando hacia el norte. Ahora, tras ellos, una lancha motora de la Guardia Civil los rodeaba, mientras que por delante, varios guardias armados disparaban desde la arena de Tarajal, una playa del enclave español de Ceuta, en el norte de África.

Al finalizar los diez minutos de “enfrentamiento”, los cuerpos fueron llevados a tierra. “Había cadáveres por todas partes”, recuerda un superviviente. Decenas de los recién llegados fueron devueltos en caliente a Marruecos, una práctica ilegal pero ya común en Europa. Al llegar, Brice miró a su alrededor y reconoció los cadáveres de tres de sus mejores amigos. Él mismo sangraba. No recibió atención médica en ese momento. Unos días después, descubrió que el impacto de la bala de goma en la cara le había costado un ojo. Años después, tras esperar mucho tiempo por temor a represalias o a ser deportado, Brice denunció su experiencia ante el Comité contra la Tortura de la ONU.

Aquel sangriento 6 de febrero de 2014 quedó grabado no solo en la memoria de Brice, sino también en la del movimiento antirracista español en su conjunto. Cada año se celebran manifestaciones conmemorativas en todo el país. Pero el dolor popular ha servido de poco. Once años después, y tras innumerables intentos de justicia, el caso ha sido archivado en tres ocasiones distintas por las autoridades judiciales. Se han utilizado todo tipo de pretextos procesales. Los tribunales se han negado a que los supervivientes comparezcan para aportar sus testimonios. Los dieciséis policías implicados siguen en libertad, totalmente impunes. [5]

El mensaje es claro y resuena mucho más allá de este caso concreto. La masacre de Tarajal es el paradigma de las fronteras europeas: balas contra personas por el simple hecho de intentar migrar. El paradigma de Tarajal se puede resumir así: la imposición intencionada, calculada y asesina de inmovilidad a las clases populares del Sur, sumada a la impunidad generalizada de las fuerzas del Norte, todo bajo el manto de la legalidad liberal.

En 2014, la socialdemocracia aprovechó la oportunidad para denunciar al entonces gobierno conservador, si bien de forma bastante tibia. Ocho años después, durante la masacre de Melilla de 2022, cambiaron de tono: todo había sido » bien resuelto», el cruce de la frontera había sido un «asalto violento» a la integridad territorial de España y las «mafias» eran culpables. Apoyando sin ambigüedades a los cuerpos de seguridad, el PSOE vetó la creación de una comisión de investigación en el Congreso, defendiendo repetidamente la política fronteriza de su administración. [6] Como uno de los pocos gobiernos de «izquierda» en Europa, el caso español muestra cómo el espectro electoral europeo, desde la extrema derecha hasta la izquierda «radical», mantiene un rotundo consenso sobre la masacre fronteriza.

El paradigma del Tarajal resuena mucho más allá de las costas europeas. Lejos del foco mediático, se repite a lo largo de las rutas del Mediterráneo y el Atlántico, en cada barco hundido y patera abandonada, y en todas las rutas terrestres que conducen a Europa. [7] Puede que no se disparen balas, pero como ya dijo Engels:

Cuando un individuo inflige daño físico a otro, causándole la muerte, lo llamamos homicidio; cuando el agresor sabía de antemano que la lesión sería fatal, lo llamamos asesinato. Pero cuando la sociedad coloca a cientos de proletarios en una situación tal que inevitablemente sufren una muerte prematura y antinatural, una muerte tan violenta como la causada por la espada o la bala; cuando priva a miles de personas de lo necesario para vivir, las somete a condiciones insostenibles, obligándolas, mediante la fuerza de la ley, a permanecer en esas condiciones hasta que sobrevenga la muerte, que es la consecuencia inevitable; cuando sabe que estas miles de víctimas deben perecer, y aun así permite que estas condiciones persistan, su acto es asesinato, tan ciertamente como el acto de un solo individuo; asesinato encubierto y malicioso, asesinato contra el cual nadie puede defenderse, que no parece lo que es, porque nadie ve al asesino, porque la muerte de la víctima parece natural, ya que el delito es más de omisión que de comisión. Pero no por ello es menos asesinato. [8]

Cada vez que un barco es repelido o se impide a las agencias de rescate realizar su trabajo, Tarajal vuelve a ocurrir. De nuevo, la mayoría de estas muertes pasan desapercibidas, quedando sin denuncia ni duelo por parte de los supuestos abanderados de la «democracia» y el «derecho internacional». Gaza, una vez más.

En 2023, la guardia costera griega dejó que más de seiscientas personas se ahogaran, abandonando su embarcación al naufragio y negándole toda ayuda. Abundan las pruebas sobre el rechazo sistemático de migrantes llegados y por llegar, de agentes con fusiles en mano sobre la cubierta de sus barcos disparando alrededor de las pateras a modo de disuasión. «Si volvéis, os mataremos»[9].

Recientemente, se han dado a conocer informaciones que superan todo lo registrado previamente. La agencia griega también ha arrojado a personas al agua por la noche sin chalecos salvavidas, a veces con las manos atadas con bridas. Ha devuelto a migrantes al mar a bordo de balsas perforadas, que se desinflan rápidamente o sin motor; también ha acudido al rescate de barcos para luego volver a abandonarlos en balsas. «Inmediatamente empezamos a hundirnos, ellos lo vieron… Nos oyeron a todos gritar, y aun así nos dejaron». Quizás lo más revelador es que la agencia despliega extraoficialmente a hombres encapuchados —el Ku Klux Klan de Europa, podríamos llamarlos— en camionetas no identificadas en las islas griegas para «cazar» migrantes y repatriarlos. [10] Estas fuerzas encapuchadas, al parecer policías o cercanos a las agencias represivas, difuminan la distinción entre el poder estatal y paraestatal, una característica común de la supremacía blanca histórica. La línea racial, como reconocen los marxismos negros desde hace tiempo, se «mantiene a través del terror genocida». [11]

Es imposible relatar todas las masacres, pero esta es la dinámica general. El hecho de que agencias estatales rescaten a algunos migrantes en el mar no altera la conclusión central; simplemente señala la absoluta insostenibilidad de la política para la legitimidad de Europa, otorgándole negación plausible. Esta es la naturaleza del despliegue europeo en sus mares australes: restringir la migración bajo pena de muerte. Y en años de violencia incesante contra los pueblos del Sur, el carácter ininterrumpido y la escala industrial de estos asesinatos apenas roza la superficie del discurso público.

Mientras el debate académico y humanitario se centra en nociones como «necropolítica», ciertos actores críticos en el movimiento antirracista han comenzado a llamarlo «genocidio migratorio». [12] En lugar de conceptos teóricos menos accesibles, genocidio migratorio indexa la sistematicidad de la políticas asesinas de las democracias liberales europeas, así como las implacables cifras de mortalidad que resultan del cierre militarizado del mar. En círculos liberales y legales, lo que a menudo sirve para distinguir el «genocidio» de otros casos de muerte masiva es la «intención». Pero, ¿qué importa la intención explícita para la persona abandonada en las olas? Siguiendo a Engels, la diferencia entre ser fusilado y ser abandonado en el mar es insignificante. El asesinato social en el mar a nivel colectivo y sistemático equivale a genocidio. ¿O acaso no es prueba suficiente una política que sigue eligiendo matar tras décadas de tragedia?

La cuestión agraria del Sur

Cuando Prabhat Patnaik declara que «el capitalismo metropolitano no tiene respuesta alguna a este problema de los ‘refugiados a las puertas’», no se equivoca del todo: el capital, de hecho, no tiene respuesta sensata. [13] Pero pasa por alto lo que Samir Amin señaló ya en 2003: que la única solución que el capitalismo tiene realmente para la cuestión agraria en el Sur —la base de las enormes reservas de mano de obra que alimentan la inmigración al Norte— es cierta forma de genocidio. [14]

Siguiendo a Marx, Amin señala que la transición histórica a las relaciones capitalistas en la agricultura en Europa resultó en la expulsión masiva de campesinos de sus tierras, llevando a su alienación de los medios de subsistencia y su inserción en regímenes de trabajo asalariado. La masa de campesinos expulsados ​​pasó a ocupar las filas de la emergente producción industrial, satisfaciendo su demanda de mano de obra. Más tarde, los marxismos clásicos postularon que esta relación se extendería inexorablemente a todo el sistema-mundo a medida que el capitalismo se expandiera. «Kautsky generalizó el alcance del modelo capitalista europeo moderno y concluyó que el campesinado estaba destinado a desaparecer debido a la propia expansión capitalista. En otras palabras, el capitalismo sería capaz de ‘resolver la cuestión agraria’». [15]

Sin embargo, más de un siglo después, las poblaciones rurales siguen constituyendo una gran parte del Tercer Mundo, y la producción campesina es un componente clave de la mayoría de formaciones sociales periféricas. Además, la producción urbana e industrial ha demostrado ser en gran medida incapaz de absorber a las masas en el empleo asalariado, fomentando el crecimiento exponencial de los slums y del trabajo informal. [16] ¿Por qué sucede esto? Amin ofrece dos razones. En primer lugar, que «el modelo europeo se desarrolló… con tecnologías industriales intensivas en mano de obra», mientras que «la industrialización moderna no puede absorber más que a una pequeña minoría de las poblaciones rurales afectadas porque, en comparación con las industrias del siglo XIX, ahora integra el progreso tecnológico —la condición de su eficiencia—, que economiza la mano de obra que emplea». [17]

La segunda razón es que los marxismos clásicos no consideraron que la “resolución” de la cuestión agraria en el Norte fue, incluso entonces, solo parcial: la industria no absorbió en absoluto a todas las masas recién proletarizadas. El problema de las crecientes poblaciones excedentes europeas se resolvió únicamente mediante la “gran válvula de escape de la inmigración a las Américas”, voluntaria o forzada. La expropiación de las vidas y los medios de producción de los pueblos indígenas sirvió para dar cabida a las “clases peligrosas” de Europa. [18]

Sin embargo, en el Tercer Mundo contemporáneo, ninguna de estas condiciones se cumple. Ciertamente no existen “cinco o seis Américas” para mitigar las contradicciones de las periferias. [19] Y ni siquiera tasas milagrosas de crecimiento, señala Amin, podrían absorber este excedente de población. En resumen, el desarrollo histórico mundial del capitalismo y la “resolución” de la cuestión agraria del centro han generado “una gigantesca cuestión agraria en las periferias, que solo puede resolverse mediante el genocidio de la mitad de la humanidad ”. [20]

Volviendo a Patnaik, pues, no es que Europa no tenga solución al problema de los «refugiados a las puertas». Más bien, su solución es la muerte en masa. La masacre industrial de migrantes en el mar es la solución. El genocidio migratorio es simplemente la expresión más tangible de la clarividente observación de Amin. Más allá de sus confines, el genocidio migratorio expresa un fenómeno global más generalizado, un malestar más profundo del capital global: la irresoluble cuestión agraria del sur, la de sus pueblos «excedentes», su semiproletariado tanto en la ciudad como en el campo. [21] Expresa la única solución que este sistema senil, como lo llama Amin, tiene realmente para la mayoría de los pueblos del mundo, y cada vez más para el resto de nosotros. Los mares al sur de Europa son, en este sentido, paradigmáticos de una tendencia global.

El genocidio migratorio, por tanto, es parte integral de la solución que el capitalismo está dando a la cuestión agraria del Sur. Como lo expresaron Sam Moyo, Paris Yeros y Praveen Jha, «las contradicciones sistémicas están alcanzando nuevamente proporciones genocidas». [22] Se trata, en este sentido, de una tendencia estructural que trasciende el escenario marítimo del sur de Europa.

Porque esta solución genocida es una que lleva mucho tiempo en marcha en el Sur, y que se expresa principalmente —a pesar de estar incluso más normalizada que el genocidio migratorio— en el acortamiento en masa de la vida en el Sur y la generalización de la muerte prematura en relación con las tasas históricamente posibles (es decir, la esperanza de vida en el Norte). Esto es lo que ya en 2005, poco después del análisis clarividente de Amin en Monthly Review , Sam Moyo y Paris Yeros llamaron “genocidio sistémico”. [23] Llevaron el análisis de Amin un paso más allá para plantear que la única solución a la cuestión agraria del Sur no es un genocidio venidero; más bien, la solución ya se está llevando a cabo estructuralmente a través del acortamiento generalizado de la vida en el Sur. Como señalaron en un artículo de 2012 con Jha criticando la “más amigable” teoría del imperialismo de David Harvey:

“Que el capitalismo realmente existente está orgánicamente vinculado a la acumulación primitiva, y que ésta consiste en una relación estructurada entre centro y periferia, se expresa en particular en las terribles estadísticas nacionales de mortalidad materna e infantil, desnutrición, analfabetismo y esperanza de vida—en sí misma una forma de genocidio sistémico—.” [24]

Más recientemente, Ali Kadri se ha basado en estas ideas fundacionales para plantear la centralidad de la “acumulación de desechos” para el capital monopolista financiero. Las “vidas desechadas” se convierten en un elemento central del proceso de acumulación, dando lugar a un “genocidio estructural de seres humanos y naturaleza circundante.” Entre otras cosas, plantea Kadri, esto “atenúa el peso de la contradicción capital-población”, a la que hace frente “reduciendo el exceso de mano de obra y su fuerza de trabajo en relación con la capacidad excedente.” [25]

La muerte prematura generalizada en el Sur y la masacre de migrantes en el mar son, pues, dos caras de un mismo fenómeno. Si hay una crisis, no es una de valores europeos ni de «derechos humanos». Es más bien la crisis del capital global. El mar es simplemente donde esas contradicciones se manifiestan de forma más visible. En este sentido, Frontex y los encapuchados europeos no son más que la respuesta estructural de Europa a este «problema» fundamental que regresa a sus costas. No hay nada particularmente brutal en su respuesta; sus acciones se alinean con la tendencia general. Lo único que cambia es que la presión genocida se ejerce activamente, en lugar de producirse de manera estructural y lejos del juicio de la opinión pública europea.

Esto replantea los análisis eurocéntricos del tema (marxianos o no) en términos del desarrollo histórico mundial del capital. Lejos de ser un simple escándalo europeo, se trata del escándalo del mundo del capital: uno que se desarrolla principalmente en las periferias, pero que regresa para atormentar a Europa sin remedio. Esto también corrige los análisis críticos predominantes, que tienen una comprensión superficial y “turbia” del imperialismo, particularmente en su desarrollo en las formaciones sociales periféricas. [26] Como veremos más adelante, esta “turbidez” sienta las bases para un internacionalismo frágil, que es la antesala de la socialdemocracia, el socialchovinismo y la derrota.

Samir Amin sitúa esta cuestión en el centro de su análisis del desarrollo desigual. La falta de salidas para la emigración del Sur —expresada en su máxima brutalidad en los mares al sur de Europa— es una de las principales razones por las que el modelo de desarrollo del centro no es posible en las periferias y por las que «alcanzar [al Norte] es… una ilusión». [27] El genocidio migratorio, por tanto, es en cierto modo la reivindicación más trágica de la tesis central de Amin: la imposibilidad de alcanzar el desarrollo del Norte bajo la ley del valor mundializada, con el consiguiente imperativo de “desconexión”. La muerte en el mar, al igual que el genocidio sistémico en el Sur, no es más que la expresión sangrienta de la imposibilidad de alcanzar al Norte, de lo que el intento de alcanzar al Norte encuentra en la realidad del capital: desecho espectacular.

El desmoronamiento del acuerdo neocolonial

Entendida desde esta perspectiva, la inmigración al centro no es más que el regreso a casa de las contradicciones del imperialismo. Las contradicciones en el Sur se vuelven demasiado grandes para ser contenidas allí, expresándose en tendencias estructurales a la emigración y una constante «presión insurreccional». La inmigración es, en este sentido, la forma en que la «contradicción principal» del capital —capital-trabajo, desplazada históricamente hacia centro-periferia [28]— regresa al centro, socavando sus acuerdos básicos de desarrollo y paz social. No es de extrañar, pues, que la inmigración se convierta en la cuestión definitoria de las formaciones sociales centrales contemporáneas.

Una parte a menudo olvidada de la definición de neocolonialismo de Kwame Nkrumah es que «el neocolonialismo, al igual que el colonialismo, es un intento de exportar los conflictos sociales de los países [del centro] ». Según Nkrumah, esto culmina en la formación del Estado de bienestar en el Norte, que aborta los antagonismos de clase del Norte mediante un compromiso y transfiere «el conflicto entre ricos y pobres del escenario nacional al internacional». [29] El acuerdo neocolonial, pues, depende no solo del control indirecto del Tercer Mundo, sino también de la vigilada cooptación del segmento blanco de la clase trabajadora global, que se expresa principalmente en el État-providence del Norte.

La inmigración contemporánea a los países centrales, pues, deshace fundamentalmente este arreglo neocolonial. Por una parte, la inmigración (1) “re-importa” al centro las contradicciones que el capital había exportado. Por otra, la inmigración (2) pone en riesgo la partición de la clase trabajadora global —unos en la aristocracia obrera, otros superexplotados y/o desechados— que es la base del compromiso neocolonial.

Nkrumah señala que, «por encima de todo, el neocolonialismo, como antes el colonialismo, pospone la solución de los problemas sociales» del centro. La inmigración bosqueja el fin de ese esperanzado aplazamiento. Como anticipa con clarividencia Nkrumah, los problemas sociales exportados y pospuestos «tendrán que ser abordados por el [Norte] antes de que se pueda eliminar el peligro de una guerra mundial o resolver el problema de la pobreza en el mundo». Y si bien «a corto plazo [el neocolonialismo] ha servido admirablemente a las potencias desarrolladas», a largo plazo «es probable que sus consecuencias sean catastróficas» para estas mismas. Esto resulta especialmente cierto en las condiciones actuales, en las que el auge definitivo del fascismo —aupado por la cuestión migratoria— corre el riesgo de poner en peligro la paz social y los compromisos esenciales de las formaciones sociales europeas.

La inmigración a los países centrales, pues, como aquello que reimporta la contradicción primaria, se convierte en la cuestión definitoria de nuestros tiempos. El fascismo en Europa no solo se debe a problemas estructurales de acumulación o a desigualdades internas. Se debe, de manera más central —como lo demuestra su priorización de las políticas anti-inmigración sobre la redistribución interna— al peligroso desmoronamiento del acuerdo neocolonial que sostenía la estabilidad del centro. Esta es la razón por la que la socialdemocracia es totalmente impotente para enfrentar el momento actual, centrándose en una lánguida redistribución interna mientras se agrava la crisis mundial. [30] También es la razón por la que es incapaz de dar una respuesta sólida al fascismo, pues elude y minimiza, como lo ha hecho históricamente, la cuestión imperialista, hoy expresada en Europa a través de la inmigración del Tercer Mundo. Mientras el fascismo afronta la cuestión como primera prioridad, la socialdemocracia apenas tiene respuesta. Mientras el fascismo propone, la socialdemocracia titubea.

Esto se refleja en las tendencias electorales en toda Europa. La promesa de los experimentos de «izquierda» de mediados de la década de 2010 se ha agotado, y la extrema derecha se encamina con paso firme hacia la supremacía electoral y cultural —si no a través de sus partidos, mediante la difusión de sus ideas a los “moderados”—. Los pueblos de Europa saben que la socialdemocracia no ofrece una solución real. Sin opciones emancipadoras tangibles, se refugian en lo conocido: el sistema neocolonial —la aristocracia obrera protegida racialmente— y aquellos que juran mantenerla o restaurarla.

El aplazamiento neocolonial, por tanto, está claramente en las últimas. La inmigración, como vemos cada vez más claramente, es el golpe de gracia del frágil compromiso neocolonial. Como dijo proféticamente Nkrumah —y en contra de siete décadas de evangelio neoclásico sobre el desarrollo— el neocolonialismo «no puede perdurar como política mundial permanente». Es un acuerdo fundamentalmente débil cuya eficacia está llegando a su fin. El genocidio migratorio no es sino la expresión más evidente de esta decadencia. El fascismo, por su parte, es el intento desesperado de salvar lo que queda.

Siguiendo con Nkrumah, el neocolonialismo bien podría ser la última etapa del imperialismo, como reza el subtítulo de su obra. Paris Yeros y Luccas Gissoni lo han enfatizado recientemente: «El capitalismo monopolista es incapaz de resolver sus contradicciones subyacentes de acumulación sin el sistema colonial que lo mantuvo durante siglos». Entramos así en una «larga etapa de decadencia sistémica», de la cual el fascismo en el centro es solo una de sus muchas expresiones. [31] La reelección de Trump y el decisivo ascenso de la extrema derecha en toda Europa en 2024 son solo los últimos capítulos de este largo y tenaz deterioro. Un componente central de la coyuntura del neocolonialismo tardío es que el capital monopolista, como argumentan Foster y McChesney, entra en una «crisis sin fin». [32]

La cuestión migratoria muestra que la “maduración de la contradicción centro-periferia”, que alcanzó su punto crítico en la posguerra y forzó la unión de los países de la Tríada en un imperialismo colectivo, está alcanzando nuevos niveles, a medida que se internaliza irreversiblemente en el centro a través de la inmigración y se convierte en su principal línea de quiebra. [33] El propio peso de las contradicciones del capital monopolista —en su base, la prolongada insolubilidad de la cuestión agraria global— pone en grave crisis el acuerdo neocolonial.

Esta es la razón por la que la política exterior europea se centra cada vez más en «contener la inmigración en origen»; dicho de otro modo, en contener la contradicción principal en tierras lejanas, asegurando que se mantenga lo más «exportada» y «pospuesta» posible. El énfasis más reciente de la crítica académica, la externalización de fronteras —la transferencia masiva de fondos a los gobiernos del Sur para el control migratorio, el despliegue de agentes europeos en África y la formación de policías locales en los «países de origen»—, no son sino la expresión de este fenómeno. El despliegue de Europa demuestra, en última instancia, que esas contradicciones son las suyas propias. Y es, a su vez, un intento de prevenir el genocidio migratorio en el mar, demasiado visible y escandaloso para sus públicos liberales, y que corre el riesgo de radicalizar a masas de gente al visibilizar la verdadera infraestructura del «modo de vida» europeo.

Conclusión

El genocidio migratorio es el fantasma que recorre la política europea. Es el telón de fondo irreprimible sobre el que la inmigración, el problema definitorio de las sociedades europeas, tiene lugar. Como tal, debe mediar nuestro análisis y nuestra estrategia política.

La ventana revolucionaria que se abrió en Europa hasta mediados del siglo XX, como nos enseña Nkrumah, se resolvió mediante un acuerdo. Este acuerdo histórico está llegando a su fin. No solo la cooptación de las mayorías del Norte está en profundo declive —y los intentos de revertirlo son deshonestos, ineficaces o reprimidos—, sino que la inmigración desafía y deshace gradualmente la base de dicha cooptación: la partición deliberada de la clase obrera mundial y el enfrentamiento de un sector de ella contra otro.

Nos corresponde a los que estamos en el centro romper ese compromiso en pedazos y avanzar en dirección revolucionaria. Para ello, es crucial comprender la inmigración más allá del marco reduccionista del racismo como «discriminación» o como fundamentalmente «moral». Este marco no solo es, a estas alturas, la columna vertebral del discurso estatal multiculturalista, sino que, sobre todo, pasa por alto que la cuestión migratoria en el centro es un subtipo de la cuestión global centro-periferia, la principal contradicción del desarrollo histórico mundial del capital. Es hora de superar los marcos nacionales o provinciales. Es hora de que nuestro análisis y nuestra política se vuelvan irreversiblemente internacionalistas.

El genocidio migratorio es el lado oscuro de la socialdemocracia europea, aquella que a menudo se idealiza desde el progresismo norteamericano. Es más, la complicidad de la socialdemocracia europea con la política migratoria de la UE es estructuralmente equivalente a su traición a los pueblos del mundo en la Segunda Internacional. Su silencio ensordecedor (y su indignación selectiva, funcional o performativa) ante el genocidio migratorio no es más que la nueva expresión del socialimperialismo: el soterramiento de la cuestión colonial, una «nueva negación del imperialismo» y una ideología coherente con una posición particular en la jerarquía de clases mundial. [34]

Como tan a menudo se ha enfatizado desde los marxismos del Tercer Mundo, el abandono histórico de la solidaridad con la liberación nacional del Sur ha sido la sentencia de muerte de la estrategia socialista del Norte. Marx ya lo señaló con referencia a la clase obrera inglesa y su chovinismo sobre la cuestión irlandesa, que consideraba el mayor obstáculo para su causa. George Jackson dijo lo mismo sobre el «racismo blanco». [35] Amin señala que la lealtad de la socialdemocracia a sus burguesías «no ha sido, sin embargo, ‘recompensada’, ya que el mismo día después del colapso de la primera ola de luchas del siglo XX, el capitalismo monopolista se deshizo de su alianza». [36] Tras deshacer las conquistas de la periferia y con el declive definitivo de la Unión Soviética, el capital, al no necesitar ya la muleta socialdemócrata, pasó a la ofensiva en casa. Hoy, las ruinas del sistema de bienestar europeo son el testimonio palmario de este error histórico.

Por lo tanto, es crucial desarrollar una posición antiimperialista sólida que evite la recaída en el chovinismo, la socialdemocracia y la derrota. Hoy en día, esto implica abordar el hecho irreversible de la internalización de la contradicción centro-periferia en las formaciones sociales europeas, la cuestión migratoria y su faceta genocida más cruda.

Nuestra respuesta a esto solo puede venir de la práctica. Ninguna conclusión teórica puede anticiparla, y solo el mundo real dirá. Provisionalmente, sin embargo, del análisis emergen dos reivindicaciones fundamentales. En primer lugar, una oposición total que exija el fin del genocidio migratorio. Como telón de fondo fundamental de la cuestión migrante, como mecanismo de disciplinamiento entre bastidores del inmigrante como clase racializada subalterna, y como componente cada vez más central del proceso de acumulación (según Kadri), esta cuestión no puede dejarse de lado. Es indispensable oponernos a ello no solo moralmente, sino también en nuestro análisis: la lucha de clases europea comienza en el fondo del mar. [37]

En segundo lugar, y de manera más evidente, la igualdad de derechos para los inmigrantes que ya están en Europa, desafiando el sistema de mano de obra barata que sustenta toda la inmigración al Norte. [38] En última instancia, debemos ver estas dos reivindicaciones como parte de una única demanda, pues la negación de la igualdad de derechos en tierra es una extensión de la negación del derecho a la vida en el mar—en sí misma una extensión de la muerte prematura generalizada en el Sur—.

La primera es el grito de guerra del movimiento antirracista europeo: no olvidamos a los asesinados por la frontera o el Estado. La segunda es la reivindicación orgánica de los pueblos migrantes de Europa: la regularización inmediata y el fin del racismo estructural. Ambas deben entenderse más allá de su contenido moral y pragmático: más allá de la simple oposición al asesinato y la jerarquía racial, y más allá de cubrir necesidades legales básicas. Nuestras reivindicaciones solo tendrán éxito si se entienden como parte de un enfrentamiento internacional más amplio con el arreglo imperialista contemporáneo, superando nuestro provincialismo y uniéndonos al “resto del mundo colonial.” [39]

El imperialismo nos mata, y no menos en el mar. Nuestra lucha debe «detener esta fuerza y derrocarla». [40] Como dijo Brice, el hermano al que la policía española disparó en la cara en Tarajal: debemos detener la barbarie de Europa.

  1. La gran mayoría de estas víctimas se registraron en la ruta atlántica hacia las Islas Canarias, una de las más peligrosas del mundo y que se ha reabierto en los últimos años. Véase Hannah Cross, «Return of the Atlantic Route from West Africa to Europe: Imperialism and Regional (Des-)Integration». Revista Mensual  76, n.º 1 (mayo de 2024). Para obtener datos precisos, véase «Monitoring the Right to Life 2024», Ca-Minado Fronteras, diciembre de 2024, https://caminandofronteras.org/wp-content/uploads/2024/12/DALV2024_EN-WEB.pdf 
  2. Esta tragedia se conoce ampliamente como la «masacre del 24J», en referencia a la fecha de los hechos. » The Nador-Melilla Border Trap. A counter-investigation into the racist massacre of 24 June 2022″, Border Forensics, Irídia (Centro para la Defensa de los Derechos Humanos) y AMDH (Asociación Marroquí de Derechos Humanos), junio de 2024, https://www.borderforensics.org/investigations/nadormelilla/ 
  3. “Open Letter: Frontex’s 20th anniversary should also be its last”, Abolish Frontex, octubre de 2024, https://abolishfrontex.org/blog/2024/10/23/open-letter-frontexs-20th-anniversary-should-also-be-its-last/ . “Missing Migrants recorded in the Mediterranean”, Missing Migrants Project, última modificación: febrero de 2025, https://missingmigrants.iom.int/region/mediterranean 
  4. El relato que sigue es una reconstrucción de hechos reales ocurridos en costas españolas en 2014. Está basado en varios testimonios de supervivientes. Véase “Un superviviente de El Tarajal denuncia a España ante el Comité contra la Tortura de la ONU”, Youtube La Marea, febrero de 2025, https://youtu.be/b6enrak1NeI y “TRAGEDIA DEL TARAJAL | “Nunca olvidaré que esa noche me morí”, Youtube El País, febrero de 2019, https://youtu.be/bW7gXfaG0Z8 . 
  5. “Caso Tarajal: 14 muertes y 11 años de impunidad”, Comisión Española de Ayuda al Refugiado, febrero de 2025, https://www.cear.es/noticias/caso-tarajal/ , “Brice O. V Spain. El Tarajal In Front Of The UN Committee Against Torture. Case Summary”, Centro Europeo de Derechos Constitucionales y Humanos, Iridia, febrero de 2025, https://www.ecchr.eu/fileadmin/Tarajal_Case_summary_Brice_O.__February_2025_.pdf 
  6. El gobierno ha sido compuesto por una coalición que incluye al PSOE de centroizquierda, la izquierda radical (incluyendo a Podemos y formaciones afines) y otros grupos regionales. Cabe destacar que, si bien Podemos instó al PSOE a no bloquear las investigaciones del Congreso sobre la masacre, este no ha hecho mucho más. Véase “Cuando Sánchez no lo veía tan ‘bien resuelto’ con Rajoy: ‘No menciona la muerte de 15 seres humanos’”, El Confidencial, junio de 2022, https://www.elconfidencial.com/espana/2022-06-27/sanchez-tarajal-rajoy-muertos-frontera-marruecos_3450644/ , “Masacre en Melilla: la peligrosa decisión de socialistas y populares”, El País, noviembre de 2022, https://elpais.com/planeta-futuro/3500-millones/2022-11-26/masacre-en-melilla-la-peligrosa-decision-de-socialistas-y-populares.html 
  7. A lo largo de este ensayo, la referencia al «genocidio en el mar» no debe entenderse como una exclusión de las muertes causadas por la frontera en las rutas terrestres. Estas son parte integral del genocidio migratorio. Para un análisis exhaustivo y actualizado del efecto de la política fronteriza europea en el Magreb, véase el excelente informe de Corinna Mullin, «Border Imperialism in the Maghreb. Violence, Exploitation, Accumulation and Resistance», Transnational Institute, enero de 2025, https://www.tni.org/en/publication/border-imperialism-in-the-maghreb . 
  8. Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra , 1845. https://www.marxists.org/archive/marx/works/1845/condition-working-class/ch07.htm . Énfasis añadido. 
  9. Vídeos grabados por supervivientes capturan algunas de estas interacciones. Véase « The EU countries ‘pushing back’ asylum seekers at sea», BBC, julio de 2021, https://www.bbc.com/news/av/world-europe-57809909 . 
  10. “Greek coastguard threw migrants overboard to their deaths, witnesses say”, BBC, junio de 2024, https://www.bbc.com/news/articles/c0vv717yvpeo 
  11. Charisse Burden-Stelly, “Modern U.S. Racial Capitalism. Some Theoretical Insights”, Monthly Review  72, n.º 3 (julio-agosto de 2020). 
  12. Youssef M. Ouled, @ymouled. https://x.com/ymouled/status/1669249928307064832 . La decisión de llamarlo «genocidio» recuerda a la histórica petición de 1951 We Charge Genocide a la ONU, escrita por activistas negros radicales sobre los siglos de violencia sostenida contra los negros por parte del gobierno estadounidense. Su análisis, encabezado por los marxistas negros William y Louise Thompson Patterson, cuestiona de manera similar la definición burguesa de genocidio y afirma la validez de la categoría para las personas negras en los EE. UU. Véase Burden-Stelly, «Modern US Racial Capitalism». El lenguaje de genocidio también fue adoptado por la mayoría de los marxistas negros encarcelados en las décadas de 1960 y 1970. Véase Orisanmi Burton, Tip of the Spear. Black Radicalism, Prison Repression, and the Long Attica Revolt (Berkeley: University of California University Press, 2023). 
  13. Prabhat Patnaik, “Migration as Revolt against Capital”, MRonline, octubre de 2016, https://mronline.org/2016/10/16/patnaik161016-html/ 
  14. Samir Amin, “World Poverty, Pauperization, and Capital Accumulation”. Monthly Review 55, n.º 5 (octubre de 2003). Citado en John Bellamy Foster y Robert W. McChesney, The Endless Crisis: How Monopoly-Finance Capital Produces Stagnation and Upheaval from the USA to China (Nueva York: Monthly Review, 2011), 147. 
  15. Samir Amin, Ending the Crisis of Capitalism or Ending Capitalism? (Dakar: Pambazuka Press, 2011), 119. Véanse también las págs. 106 y 124. 
  16. Paris Yeros, “Generalized Semiproletarianization in Africa”.  The Indian Economic Journal  71.1 (2023): 162-186. Véase también Mike Davis, Planet of Slums (Nueva York: Verso, 2017). 
  17. Amin, “World Poverty”; Amin, Ending the Crisis, 56. 
  18. Amin, Ending the Crisis, 56. 
  19. Samir Amin, The Implosion of Contemporary Capitalism (Nueva York: Monthly Review, 2013), 122. 
  20. Amin, “World Poverty”. Énfasis mío. 
  21. Paris Yeros, “Generalized Semiproletarianization in Africa” 
  22. Sam Moyo, Paris Yeros y Praveen Jha, “Imperialism and Primitive Accumulation: Notes on the New Scramble for Africa.” Agrarian South: Journal of Political Economy  1.2 (2012): 182. 
  23. Sam Moyo y Paris Yeros, “The Resurgence of Rural Movements under Neoliberalism”. Reclaiming the Land. The Resurgence of Rural Movements in Africa, Asia and Latin America (Londres: Zed Books, 2005), 35. En su reseña de esta obra fundacional, Amin señaló el quid de la cuestión: “El imperialismo parece completamente incapaz de resolver la cuestión agraria y de responder al desafío de la creciente dislocación rural y urbana”. 
  24. Moyo, Yeros y Jha. “Imperialism and Primitive Accumulation”, 187. Para una crítica del pensamiento contemporáneo sobre el imperialismo en la izquierda, véase John Bellamy Foster, “The New Denial of Imperialism on the Left”. Monthly Review  76, n.º 6 (noviembre de 2024). 
  25. El análisis de Kadri es extremadamente rico y es imposible hacerle justicia en este formato; desarrollaré sus perspectivas sobre la cuestión migratoria europea en un próximo artículo. Por ahora, cabe destacar que considera que el acortamiento en masa de la vida en el Sur es indisociable del colapso ecológico global: «bajo el capitalismo, las personas y la naturaleza perecen prematuramente[.] Ambos inputs son objeto de la misma ley del valor. No podemos detener el consumo de uno sin detener el consumo del otro». Además, en contraposición a los marxismos occidentales, Kadri postula «el genocidio imperialista como un proceso de formación de valor». Esto significa que la presión genocida no puede concebirse como externa a las relaciones de valor, ni siquiera como un mero mecanismo racializado de disciplina de clase. Más bien, es parte integral —de hecho, según él, el pilar— de la acumulación y la formación de valor. En condiciones de sobreproducción secular y el implacable ascenso del ejército de reserva de mano de obra —innegable en la evolución de las formaciones sociales periféricas durante los últimos 30 años—, «la contradicción principal capital-trabajo se manifiesta como contradicción capital-población». Lo que surge entonces es la «industria de desechar el ejército de reserva de mano de obra». Es aquí donde encaja el genocidio migratorio. Ali Kadri, The Accumulation of Waste. A Political Economy of Systemic Destruction (Londres: Brill, 2023), ix, 20, 41, 102-3, 11, 381. 
  26. Max Ajl, “Palestine and the Ends of Theory”, Middle East Critique 33.4 (2024), 627. 
  27. Amin utiliza la expresión “catching up” en inglés, que refiere a la tesis mainstream de los estudios del desarrollo de que el Sur puede alcanzar los niveles de desarrollo del Norte por medios capitalistas y neoliberales. Amin, por el contrario, basándose en su teoría del desarrollo desigual y la desarticulación de las economías periféricas, plantea que esto es imposible, y que por tanto la vía hacia el desarrollo en el Sur pasa por “desconectarse” de la ley del valor mundializada y someterla a imperativos internos. Amin, Implosion , 122. 
  28. Paris Yeros, “A Polycentric World Will Only Be Possible by the Intervention of the ‘Sixth Great Power’”. Agrarian South: Journal of Political Economy. 13.1 (2024): 15. Véase también Paris Yeros, “Elements of a New Bandung: Towards an international solidarity front”. Agrarian South Network Research Bulletin 10 (2021): 29-40 . 
  29. Kwame Nkrumah, Neocolonialism: The Last Stage of Imperialism (Panaf, 2009 [1965]). Todas las cursivas son mías. 
  30. Si bien es cierto que la socialdemocracia ha sido blanco de ataques sistemáticos en el ámbito electoral —desde la respuesta de la UE a Syriza durante la crisis, pasando por la coordinación contra Bernie Sanders en EE. UU. y Jeremy Corbyn en el Reino Unido, el lawfare contra Podemos en España y el reciente golpe de Estado soft contra La Francia Insumisa—, el largo declive de su popularidad electoral no puede explicarse solo por estos ataques. Más allá de los resultados electorales, la incapacidad de la socialdemocracia para afrontar la crisis se hace tremendamente evidente en el caso español, donde —mediante una coalición de flancos moderados y “radicales”— ha detentando el poder durante casi siete años sin haber aportado una solución real a la crisis del coste de la vida, que no hace más que agravarse. El gobierno progresista español ha gobernado un período en el que tanto la combatividad social como la política fascista están en auge, mientras que los experimentos electorales “radicales” caen poco a poco en la irrelevancia. 
  31. Como dicen ellos, «la descolonización general es, fundamentalmente, la base política de la crisis permanente del imperialismo». Además, señalan que la «trampa histórica» relacionada con el «tamaño masivo de las reservas de mano de obra», creada por el neocolonialismo tardío, «es el punto de partida concreto de la transición socialista». Si bien se refieren a proyectos de desconexión en el Sur, podemos inspirarnos en su reflexión para pensar el papel de los migrantes en la situación europea. Paris Yeros y Lucca Gissoni, «Imperialismo y la situación neocolonial tardía». Imperialism and the late neocolonial situation». Agrarian South Network Research Bulletin (enero-abril de 2024), 9. 
  32. Foster y McChesney, Endless Crisis
  33. Así como la Tríada se unió militarmente en la posguerra, las potencias europeas se unen hoy en día en torno a la seguridad fronteriza. La adhesión a la UE no solo exige la aquiescencia e implementación de la política migratoria de la UE, sino que esta está cada vez más centralizada y unificada. La maduración de la contradicción centro-periferia también se evidencia en la creciente preeminencia de Frontex entre las instituciones europeas, habiendo adquirido ya el mayor presupuesto de todas las agencias y conformando en el primer poder militarizado-coercitivo paneuropeo. El concepto de maduración se toma de varias obras de Amin y de Moyo, Yeros y Jha, «Imperialism and Primitive Accumulation», 182. 
  34. Foster, “The New Denial of Imperialism” 
  35. George Jackson, Blood in My Eye (Nueva York: Random House, 1972), 111. 
  36. Amin, Implosion, 120. 
  37. Desde la perspectiva de la clase obrera “autóctona” o blanca, debemos comprender que cada vez que un migrante es asesinado (o se le niega cualquier otro derecho), cae el salario de toda Europa. Si bien no se debe subestimar la jerarquía racial y el conflicto real entre intereses de clase racializados, esta articulación de intereses es tanto real como indispensable para nuestra tarea actual. Houria Bouteldja deja esto muy claro. Un tema central en su obra es la crítica del “antirracismo moral”, que “ratifica el cisma en el proletariado (inter)nacional”. Rednecks and Barbarians. Uniting the White and Racialized Working Class (Londres: Pluto Press 2023). Amin también ha señalado que, a pesar de cierta oposición antiimperialista minoritaria en el Norte, ésta “no ha logrado construir coaliciones alternativas eficaces a su alrededor”, lo que ha hecho su oposición ineficaz. Por lo tanto, la articulación de intereses “autóctonos” y migrantes es una necesidad estratégica. Amin, Implosion , 120. Véase también “Self-criticism”, Prairie Fire (Nueva York: Prairie Fire Distributing Committee, 1974), 10-11. 
  38. Hannah Cross, «Borders and corporate domination over land, resources and labour: an interview with Hannah Cross», Review of African Political Economy Blog, marzo de 2021, https://roape.net/2021/03/04/borders-and-corporate-domination-over-land-resources-and-labour-an-interview-with-hannah-cross/ . 
  39. Jackson, Blood in My Eye, 3. 
  40. Kadri, The Accumulation of Waste, 12.

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